











Durante un tiempo odié a Peñarol. Es difícil de explicar la sensación de que no te interese en lo más mínimo algo que para tu familia es primordial. Odiar no es la palabra. No sé cuál es, dudo que la encuentre. Ignazio, con z, seguro sabría cuál usar. Porque ese sentimiento anti Peñarol fue lo que inició nuestra amistad.
Nacho ya no está y desde hace 2 semanas tenemos muchas cosas pendientes de las que hablar.
Empezaría con que mi jefa no me creyó que se había muerto un amigo el día de la final entre España y Argentina. Que no sabía lo que era un tanatorio, que fuimos todos sus labubus, trolls, silvanians y un montón de personas que nos quedaron pendientes de clasificar. Que debe de haber ido por lo menos un representante de todos los trabajos que tuvo. Que había más nacionalidades que en la ONU. Que sus amigos dibujaron.
Que la gente hizo comentarios inoportunos, y yo también los hice. Que voy a extrañar sus consejos y nuestro humor “crocante y dulce y sorprendentemente poco nutritivo”.
Ojalá todos tengan un amigo como lo fue Ignazio, con z, para mí.