





El día 22 de agosto cumplí las tres décadas. Quien me conoce, aunque sea un poco, sabe que mis cumpleaños me afectan. Para bien o para mal, esa “vuelta al sol”, como dice el nuevo hit de los cumpleaños infantiles, no me pasa desapercibida. Lo cierto es que cumplí 30 y, chocolate por la noticia, no pasó absolutamente nada. Fui al trabajo, me atraganté con empanadas, tomé dos latas de Coquitas light y comí dos tiramisús que, por el precio, podrían haber estado mucho mejor.
Ese día 22 de agosto intenté hacer una lista al estilo “30 cosas que no sabías de mí”. Llegué a la sexta y me harté. Enumerar 30 curiosidades sobre mí sería exponerme demasiado, y esto terminaría pareciéndose a uno de esos falsos diarios íntimos que me aburren. Y si hay algo que detesto en este mundo es aburrir.
También ese día 22 de agosto me saqué tres tiras en el autofoto de Dubblelab Film. Como cada tira saca cuatro fotos, cumplía con la consigna de Día de ñoquis. Pero, para bien o para mal, las fotos no salieron como esperaba, como suele pasar en este blog y, en general, en la vida.
Pasé un mes intentando hacer un autorretrato que me convenciera, ese día no llegó. El autorretrato de mis 30 es un malogrado.
