Rollo 4 / cándido 400 / Pentax K2

Me gusta llamar a Borges el amigo de mis amigos. He leído muy poco a Borges, lo he escuchado más que leído. Sus conferencias son alucinantes y creo que mi amigo Arenas es uno de los mejores imitadores de la voz de Borges: tan clara, pausada, ideal para escucharla mientras mirás el techo en una noche de insomnio.

Notable imitación de Borges por parte de José Arenas (amigo de Borges)

Sé pocas cosas sobre Borges: que nació el 24 de agosto, que le fascinaban los laberintos, que no terminó el Ulises de Joyce, pero sí tradujo al castellano el último capítulo, y que es el autor de Funes el memorioso, ese pobre tipo condenado a acordarse de todo.

Para algunos amigos, tengo la memoria de un mosquito; para otros, una muy buena. Lo cierto es que tengo una memoria peculiar para los detalles innecesarios. Creo que sé la fecha de nacimiento de más de sesenta personas, pero no sé mi número de teléfono. A veces me acuerdo de los zapatos de la gente, pero no de sus caras. No me sé ningún número telefónico, número de chapa de auto, ni pasaporte. Por supuesto, casi no me sé ninguna de mis contraseñas.

De las materias del liceo, me acuerdo de muy poco. Pero me acuerdo de un escrito de Idioma Español sobre los usos de la coma. El texto empezaba así:

“Teseo, COMA, hijo del rey…” (no puse la coma, recuerdo la corrección en rojo).

El relato era sobre el mito del laberinto de Creta, del que solo recordaba el olvido del protagonista: Teseo no cambió las velas negras por blancas. Su padre, al ver las velas negras, pensó que su hijo había muerto y se tiró al mar. De ahí viene el nombre del Mar Egeo, por el pobre suicida, víctima del olvido de un pequeño detalle. No culpo a Teseo; a mí me podría haber pasado perfectamente.

En abril fui al Parc del Laberint d’Horta (recomendación de Faf, amigo de Borges y bloguero). Mi idea era dedicar este Día de Ñoquis a los laberintos. Plot twist: revelé el rollo y no había una puta foto del laberinto. En mi mente, había sacado por lo menos diez fotos. Al final, solo saqué una a un mármol tallado que dice  Entra, saldrás sin rodeo, el laberinto es sencillo,  no es menester el ovillo que dio Ariadna a Teseo.Teseo, al menos, no se olvidó de su objetivo: mató al Minotauro. Yo no saqué ni una sola foto al laberinto.

Mi Pentax K2 tiene roto el contador de fotos; es una cámara sin memoria. Pensaba que había casi acabado el rollo en el laberinto, pero claramente no fue así. El rollo llegó hasta Blanes y el Mediterráneo. No es el Mar Egeo, pero supongo que debe de tener un color similar, y que Egeo se tiró desde un lugar parecido al de la glorieta de la foto. 

No me acuerdo de ninguna clase de la facultad de la que haya hablado del mito de Teseo, pero sí de un texto de Sarlo dado en la materia Corrientes del Pensamiento Contemporáneo (examen que preparé ocho veces y perdí tres, una por haberme olvidado de des anotarme). Sarlo retoma las ideas de Nietzsche y cita la frase:

“Se puede vivir y vivir felizmente sin recordar, pero es imposible vivir sin olvidar.”

La memoria tiene que equilibrarse con el olvido para poder seguir adelante. Espero que Teseo haya podido no recordar, aunque sea por un día, su error.


Y el pobre de Ireneo Funes… Borges escribe:

“Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.”

Si Ireneo Funes hubiese estado en Horta, se habría acordado de cada hoja de cada árbol de cada monte.  Y yo estoy acá tratando de recordar si de verdad llegué al final del laberinto o solo me perdí.

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